Sesión 3. Escuelas, Héroes y Jóvenes Desesperados
La tercera sesión del seminario abrió un diálogo sobre las violencias que atraviesan a las escuelas y a los espacios públicos: amenazas, masacres, tiroteos, suicidios y discursos de odio que tienden a normalizarse en la vida cotidiana.
Se destacó que la violencia escolar no es un fenómeno nuevo, sino que ha sufrido una aceleración alarmante. Solo en lo que va de 2026 se han registrado 130 tiroteos en lugares públicos. Además, se identificó un patrón donde el asesinato masivo suele ir acompañado del suicidio del perpetrador, siendo el suicidio la principal causa de muerte entre jóvenes hoy en día.
Opiniones de los jóvenes en torno a la desesperación y la
desesperanza
“¿Consideran que hay desesperación o desesperanza
en estos casos de violencia extrema, como los tiroteos donde participan jóvenes
INCEL?”
“¿Qué esperarían por parte de los adultos para atender
estas situaciones?”
“¿Qué podrían hacer ustedes como jóvenes?”
Estas tres preguntas, lanzadas a jóvenes de distintas edades, fueron el
inicio de nuestra tercera sesión del seminario. Sus opiniones, que nos enviaron
amablemente en videos, nos ayudaron a entrar en el pensamiento de las juventudes
que creemos conocer pero siempre nos enseña lo que desde el mundo adulto nos falta
por profundizar.
¿Cuál es ese caldo de cultivo? Los datos señalan que el 80% de estos jóvenes
han sufrido bullying, provienen de familias desestructuradas y muestran una fascinación
temprana por las armas. No nacen “mal”, sino que crecen en contextos que normalizan
la violencia y la venganza como respuesta al rechazo.
Ana analizó el fenómeno Incel desde
una crítica al biologicismo, pues estos grupos explican su desgracia en términos
de biología (“no soy favorable genéticamente”) y construyen un lenguaje cerrado
e impermeable a la crítica. En sus foros, se fragua una explicación simple para
fenómenos complejos: la soledad, la incapacidad de vincularse, el resentimiento.
Y de ahí nace la idea de la “retribución” a manos propias.
Frente a esta complejidad, Ana señaló la paradoja de nuestro sistema: en
México hay apenas 44 psicólogos por cada 100,000 habitantes, y el propio secretario
de educación ha declarado que “no podemos poner un psicólogo en cada escuela”. Por
lo tanto, la solución no puede venir solo de la salud mental, sino de una construcción
colectiva de habilidades para la vida y de espacios reales de escucha en las escuelas.
En resumen: no se trata de individualizar la enfermedad, sino de diagnosticar
el contexto. La violencia juvenil masiva no es un fallo aislado por lo que requiere
herramientas interdisciplinares, pues ninguna explicación por sí sola alcanza.
Lente 2: el capitalismo cognitivo y la mutación de la sensibilidad
En el diálogo se enumeraron varias “mutaciones”: hiperconectividad con poco
contacto físico; tiranía de la meritocracia (ganadores/perdedores) que vuelve el
fracaso una vergüenza personal; precarización laboral y deudas que paralizan la
imaginación; y una reducción del movimiento corporal que alimenta la depresión.
A esto se suma el “pánico cognitivo” por procesar información a velocidades inhumanas.
La imagen que resume esta situación: frenéticos por dentro, paralizados por fuera
—un “espasmo” social.
Desde ahí se conectó el suicidio con la violencia, se planteó que, cuando se rompe el tiempo para
elaborar emociones (tiempo de conversación, de pausa, de sueño), la salida puede
volverse destructiva. Por eso el llamado final no fue a “acelerar soluciones”, sino
a recuperar tiempo: para pensar, para encontrarse, para hacer comunidad.
Lente 3: el debate sobre la violencia escolar versus violencia
social
La escuela fue descrita como “laboratorio social”: un espacio único donde
se ensayan convivencias, se forman vínculos prolongados, se construyen identidades
y se moldean interacciones. Pero esa misma condición intensifica dinámicas de poder,
inclusión/exclusión, búsqueda de reconocimiento y temor al rechazo. Por eso, si
la violencia tiene lógicas propias en el aula, también exige respuestas específicas:
no recetas generales ni solo protocolos administrativos.
Se criticó cómo ciertas respuestas institucionales terminan traduciendo
el problema en carga administrativa: informes, evidencias, “ajustes” y guías que
no alcanzan para sostener a una escuela que enfrenta amenazas reales. Así, el discurso
de “la violencia está afuera” no protege a la institución: la abandona sin recursos
ni reconocimiento para actuar.
Reflexiones colectivas
La psicóloga Ana insistió en que no se trata de patologizar ni de
judicializar, sino de reconstruir habilidades para la vida, espacios de escucha
y validación. El desafío no es contener la violencia, sino reconstruir
las condiciones para que las niñas, niños y jóvenes quieran vivir y quieran
vincularse.
Gina lanzó las preguntas finales que nos acompañarán hasta la próxima
sesión:
- ¿Cómo construir un
diálogo donde el adulto no solo "vigile", sino que
realmente acompañe la desesperación de las juventudes?
- ¿Cómo asumir responsabilidades
mutuas e intergeneracionales, donde el adulto sea guía y el joven, agente
de paz?
- ¿Estamos de
acuerdo en que la inacción es la forma más sofisticada de abandono?
- ·Más que “contener” la violencia, la sesión propuso reconstruir condiciones para que niñas, niños y jóvenes quieran vincularse y quieran vivir. De la conversación se desprenden varias pistas prácticas para escuelas y comunidades educativas.
- Pasar de la vigilancia al acompañamiento: abrir espacios de escucha real (no solo “oír”), con acuerdos de cuidado y confidencialidad.
- Evitar respuestas tecnocráticas como único camino (cámaras, detectores, policía): pueden aumentar el miedo sin tocar las raíces del problema.
- Tratar la violencia y lo digital como asuntos pedagógicos (no “externos”): forman parte de la vida escolar y requieren alfabetización crítica.
- Diseñar intervenciones situadas: cada escuela y cada aula tiene dinámicas propias; lo que funciona en un contexto puede fallar en otro.
- Recuperar tiempo para el diálogo: seminarios internos, círculos de palabra, tutorías colectivas; la pausa como condición de pensamiento y cuidado.
- Fortalecer habilidades para la vida: habilidades sociales, regulación emocional, construcción de vínculos y sentido; sin patologizar ni criminalizar a priori.
- El pesimismo es un lujo: Mantener la alegría y la esperanza como actos de resistencia pedagógica.
Materiales de consulta
📚 Berardi, Franco.(2016). Héroes: Asesinato masivo y suicidio. Ediciones Akal.
Video completo: https://www.youtube.com/watch?v=Np6Qni429Ok
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