Sesión 4: Frankenstein: la pedagogía y el mito de la creación

 


Mary Shelley

Celebrado el pasado sábado 02 de mayo de 2026, en este encuentro, exploramos los dilemas de la labor educativa ante un mundo fragmentado, debatiendo sobre la crisis de autoridad de la docencia, el autoritarismo, la autonomía, la libertad, la justicia y el acompañamiento.

El docente frente a la crisis de autoridad

Abrimos el diálogo planteando un problema central de nuestros tiempos: la "crisis de autoridad" que experimentan las y los educadores frente al poder de los medios, la tecnología y las resistencias de los estudiantes. Explicamos que, para recuperar esta autoridad perdida, muchas veces se recurre a la imposición autoritaria, al moralismo, a la judicialización de las relaciones escolares o, en el peor de los casos, al abandono de las nuevas generaciones con frases como "que los repruebe la vida".

Para profundizar en este dilema, Adolfo retomó la obra de Mary Shelley, a quien reivindicó como una intelectual de primer orden y pionera en la crítica feminista a la ciencia. Posteriormente, introdujo el análisis del pedagogo Philippe Meirieu en su libro "Frankenstein educador". Nos recordó la diferencia fundamental entre la educación vista como poiesis (una fabricación donde el educador intenta moldear al estudiante como a un objeto, sufriendo cólera y decepción si este se resiste) y la educación como praxis (una acción pedagógica para acompañar al sujeto a que construya la obra de sí mismo).



El "monstruo" en el aula y los vínculos que nos sostienen

Gina aterrizó estos conceptos filosóficos en la realidad cotidiana de la educación básica, compartiendo los resultados de un cuestionario aplicado a docentes. Sus hallazgos fueron muy reveladores:

  • Aún persiste en la docencia un fuerte deseo de moldear y controlar a los estudiantes, lo que genera ansiedad y frustración cuando no se logra.

  • Existe un gran temor ante la judicialización y los estrictos protocolos escolares, lo que orilla a muchos docentes a cerrarse y evitar involucrarse para protegerse.

  • A pesar del cansancio y la precarización, el sentido de la docencia se sigue sosteniendo en el día a día a través de los vínculos que se forman con las y los alumnos.

  • Gina nos invitó a reflexionar que nuestra tarea no es crear a la otra persona, sino no abandonarla; advirtió que la criatura de Frankenstein no nació siendo un monstruo, sino que se convirtió en uno al enfrentar el rechazo social, la desconexión y la falta de interés de su creador.


Formar a los profesionales de la educación con ética y responsabilidad

Caty aportó una mirada crítica desde el ámbito de la formación de los nuevos docentes en las Escuelas Normales y posgrados.

  • Destacó que el abandono pedagógico es una forma de violencia y cuestionó si actualmente estamos formando personas integrales o únicamente priorizando resultados e indicadores medibles.

  • Señaló la urgencia de distinguir entre la verdadera autonomía y el "desentendimiento", subrayando que los estudiantes requieren de una autonomía acompañada.

  • Para ilustrar el valor de la ética y la solidaridad, compartió la metáfora de unos competidores en una carrera que decidieron sacrificar su victoria para levantar a un compañero caído, contrastándolo con lo que a veces ocurre en las aulas, donde un alumno "cae" y nadie lo mira ni le brinda la mano.

  • Concluyó que la enseñanza es un acto creativo y ético, recordando que "educar es crear vínculos, no monstruos".

Reflexiones colectivas: Emancipación, autonomía y el sistema educativo 

El seminario se enriqueció con el diálogo abierto:

  • Tere ofreció una postura contundente al afirmar que la educación no puede ser neutral ni imparcial. Desde su perspectiva, la docencia es un compromiso militante con la emancipación y la lucha de clases, pues dejar al estudiante supuestamente "libre" sin contrastar los discursos hegemónicos solo sirve para reproducir las desigualdades.

  • Ángeles abordó el tema de la autonomía moral desde edades tempranas, apoyándose en los postulados de Piaget y Constance Kamii. Explicó que los docentes no solo deben "respetar" los intereses de las infancias, sino que tienen la responsabilidad de "generar nuevos intereses", una tarea vital frente a los contextos de gran complejidad social y violencia que acechan a las juventudes.

  • Finalmente, Arturo aportó una aguda observación sistémica: el propio sistema educativo es un verdadero "Frankenstein". Afirmó que el sistema es una estructura llena de deficiencias, lógicas improvisadas e inercias que constantemente está recibiendo "suturas" y remiendos urgentes, lo que dificulta la reflexión profunda sobre la práctica docente.

Recomendaciones y cierre

Se quedaron abiertas las preguntas para seguir reflexionando:

  • ¿Cuánta libertad estamos dispuestos a soportar en el proceso educativo?
  • ¿Qué parte de nuestro deseo de dominio tendríamos que sacrificar para que nuestros estudiantes sean genuinamente libres?
  • ¿Cómo formar para la autonomía y a la vez para la búsqueda de la justicia sin imponer nuestros criterios pero sin abandonar la responsabilidad ética sobre el presente?


Para quienes deseen profundizar en los temas abordados, sugerimos las lecturas compartidas en la sesión:

  • Mary Shelley: Su vida, su ficción, sus monstruos de Anne K. Mellor.

  • Autoridad y autoritarismo de Miquel Bassols.

  • La escuela incluyente y justa de Víctor Zúñiga.


Te invitamos a ver la grabación completa de esta enriquecedora sesión en nuestro canal de YouTube:

https://www.youtube.com/watch?v=8tu3eHLIkMg





Comentarios

  1. A partir de las distintas reflexiones y comentarios de esta interesante sesión, me quedaron varias ideas rondando por la mente:

    Quizás no estamos frente a una pérdida de autoridad docente, sino ante un cambio profundo en la manera en que la autoridad se construye y se sostiene. Durante mucho tiempo, la autoridad parecía imponerse por el simple hecho de ser docente: por la experiencia, el lugar que se ocupaba y el saber. Hoy, en cambio, parece construirse (o perderse) en la capacidad de generar vínculos, sentido, escucha y reconocimiento-pertenencia. La autoridad hoy ya no se impone automáticamente, sino que requiere ser reconocida y validada en la experiencia compartida del aula.

    A partir de las intervenciones de Cathy y Ángeles me surgió una pregunta: ¿las y los docentes somos creadores? Pienso que sí, pero no en el sentido de “crear sujetos” o fabricar personas a nuestra imagen, como Víctor Frankenstein. Las y los docentes no creamos al otro; creamos condiciones para que el otro piense, compare, dude, cuestione, dialogue, actúe, decida.
    Creamos posibilidades de encuentro con el conocimiento, con los otros y consigo mismos.
    También creamos desde el interés y la curiosidad de las y los estudiantes; abrimos espacios de conversación, de discusión y de aprendizaje compartido; favorecemos vínculos; reconocemos trayectorias.

    Ayudamos a nombrar emociones, conflictos y preguntas. A nombrar al otro, a nombrar lo otro, a nombrarse a sí mismo (una de las grandes carencias del monstruo de Frankenstein).

    Entonces, el acto de educar implica una paradoja compleja y profundamente humana: orientar sin imponer, acompañar sin controlar, dejar ser sin abandonar. Y, quizá lo más difícil, es aceptar que el otro puede no convertirse en aquello que imaginamos. Pero con esa aceptación (genuina, no resignación), surge un gran reto pedagógico: en el momento en que renunciamos a fabricar al otro y asumimos el desafío mucho más incierto y mucho más ético, de acompañar su proceso (o sus procesos) para convertirse en sí mismo.

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